En 2004 Alan Rickman visitó Salta junto a varios productores de Hollywood. Su objetivo era buscar locaciones para una película que finalmente no se concretó. Allí los encontró este cronista, que tuvo la oportunidad de entrevistar a Rickman en un coqueto hotel del centro, donde se hospedaba como cualquier hijo de vecino. De hecho, su aspecto de hombre formal y discreto le permitió en aquella oportunidad recorrer la ciudad sin llamar demasiado la atención. De modales austeros y una simpatía aristocrática (que parecían haber sido aprendidas en el mismísimo palacio de Buckingham), el actor se mostraba ante la gente como un hombre de lo más cordial y ameno. Mucho más parecido al inolvidable y cautivador coronel Brandon de "Sensatez y sentimientos" que a los pétreos y detestables Hans Gruber ("Duro de matar") o Severus Snape (Harry Potter). Y es que Rickman, en el fondo, es un perfecto señorito inglés; aunque él se rehusa tenazmente a esa denominación. "Ingleses son Churchil y Lennon. Y yo no creo parecerme a ellos", comentó durante la charla. El actor nunca miró el reloj durante la entrevista y hasta pidió disculpas por no poder comunicarse en español. Un gesto de cortesía de lo más británico.